miércoles, 17 de agosto de 2016

A echar un polvo

Publicado por primera vez en 26 de abril de 2011.

Aprovechando que hoy estoy solo en casa voy a ver si consigo echar un polvo.

Tranquilos que lo aclaro.


La frase "echar un polvo" data de los felices años 20, unos años mágicos. España no se había metido en la primera guerra mundial y a pesar de la dictadura del General Primo de Rivera (1923 a 1930) tuvo una postguerra muy feliz.




Los españoles conocieron el hedonismo, la buena vida y entre ellos se incrementó el vicio del tabaco inhalado (el célebre rapé). Todos los hombres que se preciaban de elegantes llevaban en su bolsillo un bonito recipiente, en forma de caja, donde había polvo de tabaco (rapé), que se intercambiaba como signo de cortesía ¿quieres echar un polvo?

El rapé se ponía en la "Tabaquera anatómica" que es una cavidad triangular que surge entre los tendones extensores del primer dedo cuando se extiende el pulgar.


Como era de mala educación inhalar ante señoras ya que producía intensos estornudos, los hombres cuando sentían el síndrome de abstinencia salían del salón, con la excusa de echar un polvo.


Con el tiempo, esa excusa para ausentarse de la reunión comenzó a utilizarse también para poder tener fugaces y apasionados encuentros sexuales con la amante de turno, quien esperaba al fogoso caballero en otra sala.

Hay otra hipótesis, pero con menos fundamento, que apunta directamente como origen de la expresión ‘echar un polvo’ a la fórmula litúrgica “Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris” (Recuerda hombre, que eres polvo, y que al polvo regresarás).  Popularizándose la frase en “Polvo somos, del polvo venimos y en polvo nos convertiremos” y es ese “del polvo venimos” el cual se transforma en sinónimo de acto sexual.


¿A que no sabíais de donde venía la frase?
¿A que no?
Pues yo tampoco, y además me quedo con las ganas porque tampoco tengo para echarme un polvo de estos otros.




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