sábado, 31 de octubre de 2015

Decíamos ayer


Célebre frase de Fray Luis de León, al que las envidias y rencillas entre órdenes y las denuncias del catedrático de griego, León de Castro, entre otros profesores, le llevaron a las cárceles de la Inquisición bajo la acusación de preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina (la traducción Vulgata de San Jerónimo) adoptada por el Concilio de Trento, y de haber traducido partes de la Biblia, en concreto el Cantar de los Cantares, a la lengua vulgar, cosa expresamente prohibida también por el reciente concilio y que sólo se permitía en forma de paráfrasis. 

(El copia y pega de la Wikipedia me ha está quedando de lujo, así que sigo)




Aunque era inocente de tales acusaciones, su prolija defensa alargó el proceso, que se demoró cinco largos años, tras los cuales fue finalmente absuelto. Parece cierto que se le puede atribuir la décima que presuntamente cuando iba a salir de la cárcel escribió en sus paredes:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y, con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,
ni envidiado, ni envidioso!





Tras salir de la cárcel, regresó a dictar su cátedra. Sus biógrafos cuentan que Fray Luís acostumbraba en sus años de docencia resumir las lecciones explicadas el día anterior y que al volver a su clase en la Universidad de Salamanca, retomó sus lecciones con la frase “Decíamos ayer…” (Dicebamus hesterna die), como si sus 5 años de prisión no hubieran trascurrido.




En 1923, los acontecimientos políticos cambiaron totalmente la vida de Miguel de Unamuno.

El 13 de septiembre, el general Miguel Primo de Rivera, dio con éxito un golpe militar en España que derrocó al gobierno parlamentario y se autoproclamó dictador. Miguel de Unamuno, así como otros intelectuales como Vicente Blasco Ibáñez, publicó unos artículos en los que criticaba al nuevo régimen. Como resultado, Unamuno fue destituido de su puesto en la Universidad de Salamanca y forzado a vivir exiliado en Fuerteventura y más tarde en París, con su familia. 


Tras la caída la dictadura de Primo de Rivera en 1930, Unamuno volvió con notoriedad a su puesto en Salamanca. Tal como había hecho cuatro siglos antes Fray Luis de León, comenzó la clase con un “Decíamos ayer…”, como si nada hubiese sucedido. 

Y si Unamuno, trás 400 años, copió la frase a Fray Luis y tuvo tanto éxito como el original por qué no voy a poder copiarla yo 85 años después.

Que bueno, que todo este rollo viene a cuento de que ya se me ha pasado el cabreo por mis problemas informáticos y voy a intentar retomar el blog.

Decíamos ayer...





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