sábado, 9 de mayo de 2015

Recuerdos de infancia (...11) - Gimnasia colegial


Capítulo aparte merecen los suplicios que nos obligan a hacer en clase de gimnasia.


Este era uno de mis traumas:





Primero te lo ponía bajito para que cogieras confianza, pero luego le iban subiendo las patas, y aunque le ponían delante una madera flexible que llamaban trampolín, la mayoría de las veces te llevabas el potro por delante con la tripa.





Si ya sufría con el potro que era cortito, no sé en que cabeza cabía que pudiera saltar el plinton.

Sigo preguntándome cuales eran las razones del profesor para empeñarse en que saltáramos semejante bicho. Primero apoyando las manos y con las piernas anchas llegar hasta el otro lado (Culetada a mitad camino). Después quería que diéramos la voltereta encima y que además cayéramos de pié. Iluso. Si yo supiera hacer eso estaría en el circo y no aguantando su clase de gimnasia.




Otra ocurrencia: El salto de altura.

Los dos palos y una barra de hierro cruzando. La dichosa barra no era ni redonda, era triangular para que cuando cayeras encima te clavaras bien todo el canto. 



En esos tiempos la técnica era el rodillo ventral, que consistía en saltar, ponerte horizontal sobre la barra y girar sobre ella para rebasarla y caer de espaldas al suelo. Joder, y caías sobre una colchoneta de un dedo de grueso más dura que el hormigón de debajo. Menos mal que no había nacido el Fosbury ese.

Otra idea de bombero. ¡Que subiéramos una cuerda que había atada al techo! ¿Para qué? Si lo único que conseguías era llegar al medio metro y quemarte las manos con el roce de la cuerda al bajar. Decía que para hacerlo más fácil nos ponía otra con nudos, bueno, hasta el tercero ya llegaba.



Y aún tenía el valor de preguntarme por qué me saltaba la clase. Se vengó y, después de tres meses sin ir a clase, me suspendió para septiembre.





Continua en: Recuerdos de infancia (...12)


Publicado en "Nostalgia". Pinchar aquí para ver más.



2 comentarios:

  1. No podría estar más de acuerdo en todo. Eso era sadismo

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  2. Que recuerdos del potro !!! Para una vez que conseguí saltarlo, era eso o me suspendian, fuí a por todas con toda mi alma y menuda torta me dí al aterrizar con la cara.
    Y eso que el profesor o una amiguísima se ponía adelante para sujetarte Ni aún así. Un horror.
    El plinton y las cuerdas ni me molesté. Con lo bien que se estaba jugando al balón prisionero.

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