lunes, 16 de febrero de 2015

Recuerdos de infancia (2)


Sigo con recuerdos de los tiempos de Maricastaña, esta vez voy a intentar que con un poco más de coherencia. 

Hoy hablamos de objetos que teníamos en todas las casas y golosinas. Y para empezar nada mejor que hacerlo con uno que no pertenece a ninguna de las dos categorías, pero que en mis tiempos de pantalón corto era muy abundante.



La de fotos que hecho yo con una igual


Vamos con las cosas de casa. En mi casa toda la vida ha habido un cortafiambres como este, y por supuesto que ahora también tenemos uno. La verdad es que no ha cambiado mucho el modelo en los últimos 30 años.



Además de para el embutido, también lo usábamos para hacer lo que llamábamos "patatas de churrería", vamos las de bolsa de ahora, pero que antes solo se vendían en las churrerías. Con esta maquineja se podían hacer mucho más finas que con el cuchillo y quedaban más crujientes.


Otro clásico, la capoladora para hacer los chorizos y la carne picada:



Y como no, el molinillo de café, manual, a base de darle vueltas a la manivela, nada de electricidad. La de ratos que he pasado con el molinillo. Cuanto tocaba poner la cafetera, la italiana de la anterior entrada, yo siempre quería ser el que lo moliera, y si no hacía falta café metía todo lo que encontraba (sobre todo pan) y luego bronca al canto.




Todos los trabajos con estos "electrodomésticos" se hacían en la mesa de formica de la cocina, puesto de rodillas en la silla para llegar bien. Un material que duraba toda la vida, y hasta extensibles que eran.



En el cuarto de estar (antes no teníamos salón) no podía faltar la mesa de la televisión, con su rejilla revistero y todo. Creo recordar que también era de formica.




Por supuesto todas las mediciones se hacían con el "metro de modista"



O si no con el metro de carpintero, el de madera plegable.




Os presento la afeitadora del abuelo


Vamos ya con las chuches empezando por las pequeñas, estos "adoquines del Pilar" que nos compraban siempre que tocaba excursión a Zaragoza. Un peazo caramelo duro como una piedra que tenías que romper a martillazos para comertelo a trocitos.





Pan, pan, pan viva Palotes, pan, pan, pan, viva Palín.







Me suena que estos chicles eran un poco más caros que los otros, así que los comprabas solo en días especiales. Decían que eran los que mejores globos hacían.



Un clasicón, el regaliz enrollado en espiral. A elegir, negro o rojo.




¡Que voy a decir de los Sugus! El caramelo blando por excelencia.
Hubo una época en que Suchard lo dejó de fabricar, pero pronto se dieron cuenta del error y han seguido haciéndolo hasta ahora.



Los Conguitos, cacahuete forrado de chocolate o chocolate relleno con cacahuete, a elegir. Los que éramos de zona rural también los llamabámos las cagadillas de las ovejas. Mismo aspecto.

Las monedas de chocolate. No me gustaban, siempre me sabían como a canecidas.



Lo caramelos Pez con dosificador. Levantabas la cabeza del moñaco y te salía un caramelo.



Pulseras de caramelos, bastante malos creo recordar.




Más chicles, los Bazoka, que junto con los Dunkin eran las estrellas de los chicles.








Las máquinas expendedoras de bolas de caramelo y chicle. Echabas la moneda, girabas la palanca y a chupar hasta que te salía el chicle de dentro.




Estos de a continuación eran lujos sólo disponibles en fiestas, cuando venían las barracas.

El algodón de azucar



Las manzanas bañada en caramelo




El martillo y el chupete también de caramelo




Por el contrario este otro era más fácil de conseguir. Ibas al campo, arrancabas la planta y a chupar la raíz. Luego tocaba aguantar a las madres, que no te dejaban comer regaliz de palo porque decían que te salían lombrices.

Si no eras muy trabajador, también podías comprarlo en el "carrico de las chuches" que ponía en la plaza Nueva todos los festivos el marido de la "Chacha" 






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