domingo, 3 de noviembre de 2013

Autopista hacia el infierno

Continua de: "Camino de Barcelona"


Salimos de Bujaraloz, yo creía que mucho más despierto y todo fue normal hasta que pasada una media hora tocó adelantar a un autobús. Era una zona de la autopista de las que tienen el lado izquierdo delimitado con bloques de hormigón. Estábamos adelantándolo cuando de repente oigo otra vez el ruido de la raya del suelo y el grito de Cecilia : "César, que te vas a los bloques". 

Otra vez, instantáneamente y sin ninguna señal previa de cansancio o sueño se me habían cerrado los ojos. 

Me estaba pasando igual que a los enfermos de narcolepsia, que según dicen se quedan dormidos a medio de una frase.



Me obligó ir mucho más despacio hasta que encontráramos la primera área de descanso para parar otra vez. Cecilia, a pesar de llevar el brazo escayolado y tener fuertes dolores cada vez que lo movía lo más mínimo, estaba dispuesta a conducir. 


Después de un rato tomando el aire y chupar un caramelo (a falta de echar un cigarro que es lo que hubiera venido bien para despejarse y calmar los nervios) yo me seguía encontrando perfectamente despierto, igual que antes, así que decimos reaunudar el camino, con la advertencia de Cecilia de que tenía que ir más despacio y de que iba a estar mirándome a la cara constantemente y obligándome a no parar de hablar.

Me vino a la memoria un grupo que en nuestros tiempos se llamaba Acedece (ACDC) y que ahora lo llaman "Eisidisi".  Tenían una canción que se titula "Highway to hell", y que sin tener ni idea de lo que decía la letra yo me imaginaba que debía ser algo parecido al viaje que llevábamos.





Una pena no llevarla en el coche porque a buen seguro que puesta bien alta nos ayudaría a estar más despiertos.

Lo nuestro no era exactamente "Autopista hacia el infierno" era más bien "Autopista del infierno" porque a la llegada nos esperaba lo bueno.





Conforme nos íbamos acercando a Barcelona la circulación se hacía más lenta e intensa. Iba perfectamente despierto, por lo que los malos tragos que habíamos pasado los dí por superados.

Según nos decía el GPS el carril izquierdo era el nuestro. Circulábamos a unos 80 kilómetros por hora y atentos para no pasarnos de los desvíos que nos indicaba la chica, cuando de repente oigo una pitada de un coche. Sin darme cuenta me estaba metiendo en el carril de la derecha. ¡Otra vez dormido!

Menos mal que ya estaba ahí el desvío a Montmelo y nada más cogerlo el tapón de coches que iban hacia el circuito.



Tras media hora de retenciones comenzamos a oír la escandalera del sonido de los fórmula uno que ya llevaban tiempo en la pista en los entrenamientos libres.

Entre que encontramos el aparcamiento (que no es más que un trozo de campo al que le ponen vallas), nos dimos la caminata hasta la entrada, esperamos las filas para el cacheo y revisión de los bolsos, otra caminata para ir acercándote al circuito, cuando llegamos ya estaba terminando el tiempo de los entrenamientos de la F1. Nos queba por ver entrenamientos de GP2 (que bueno...) y esperar a las dos de la tarde para la nueva sesión de F1.

Con esto, pudimos dar por concluido uno de los peores viajes que he tenido en mi vida.

Continuaré.


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