viernes, 14 de junio de 2013

Lo que diga La Rubia

Continua de: Feria de las 3 culturas


Bueno, nos habíamos quedado en que por fin me llevaban a comer. Otra vez a subir la cuesta de la Calle Mayor hasta que por casualidad, llegamos al Mesón-Restaurante La Rubia


El restaurante tiene una fachada bien arregladita, con una ventana enrejada llena de geranios, pero nada más entrar ya es otra cosa. Tiene una barra pequeñita que hace de recepción, y justo enfrente de la puerta un comedor que es una cueva excavada en la famosa peña de Cervera. A la izquierda tiene la puerta para entrar al otro comedor.



Allí nos estaba esperando La Rubia, que ahora no es ni rubia ni mujer, es un joven grande y con la cabeza afeitada, que creo que es el hijo y se llama Carlos. Parece ser que es el creador y alma del boom del local, y no me extraña porque en lo poco que lo conocí me dio la impresión de que es un vendedor - relaciones publicas extraordinario, capaz de vender un cargamento de hielo a un esquimal.

"Hala venga, que ya tenéis la mesa preparada, y sentaros rápido que con el que tajo que tenéis os va a costar un buen rato".





Entramos al salón en el que lo primero que te choca es que tiene una decoración un poco "sui generis", con una cabeza de ciervo por aquí, una cabeza de jabalí por allá y justo enfrente de la puerta una especie de burladero con un tejadillo en el que hay un par de zorros “pastando” y es la entrada a los aseos. (Ya sé que los zorros no pastan, pero parece que lo están haciendo)

El espacio está bastante bien aprovechadito, tanto como que al sentarte quedabas espalda con espalda con los de la mesa de al lado. Eso te hace pensar en por donde va a pasar el camarero a servir, aunque luego descubrí que no le hace falta pasar.

Parece ser que habían acordado con él un menú de degustación a su total elección, vamos un “pon lo que te dé la gana” y que no nos quedemos con hambre.

Nos sentamos como siempre, las mujeres por un lado y los hombres por otro, lo cual es bueno por un parte porque así cada uno habla de sus cosas, pero por otra es malo porque en nuestra parte los platos duraban bastante menos que al otro lado.

En la mesa había ya servidas un par de ensaladas “ilustradas” con lechuga, cebolla, tomate, aceitunas... Enseguida apareció con un par de botellas de un tinto crianza que embotellan con su nombre, y que la verdad se deja beber bastante bien. Las botellas en la cabecera y allá os las apañéis.

Al momento nos trajo dos platos de croquetas de cocido caseras, y por no repetirme y vale para toda la comida, las dejo en la cabecera y ya os las pasareis. Para no andar contándolo en cada plato, decir que era dos platos de cada cosa, y que todo estaba bastante bueno, por lo menos para mi, (y para todos porque allí no quedaba nada de cada plato que salía).

Tras las croquetas, alcachofas rebozadas y pimientos rellenos de carne.

Con esto parece que se acabaron los entrantes porque luego llegó ya el bacalao con pimientos.

En aquel momento los platos ya comenzaban a no caber por la mesa, porque allí traían y traían pero nadie se llevaba nada. Me acordaba de una cena tuvimos en un chino, de esas que pides menú para 8 que tiene 27 platos, y venga platos y platos a la mesa. Le decías al chino: Por favor llévate los vacíos. "Si, si, ahora". Si, si pero no, que al final tuvimos que decirle que o se llevaba los platos o los dejábamos en el suelo y eso parece que le hizo algo de efecto.

Tras el pescado llegaron las aves: Avestruz con salsa de nata y hongos para untar a gusto.

Después del pescado toca la carne, unas chuletillas de cordero a la brasa (en mi pueblo costillicas). Por el momento la comida no se nos apoderaba y los platos se iban limpiando bastante rápido. Por supuesto para entonces las primeras botellas ya habían muerto y estábamos con la tercera y cuarta.

Un poco más de carne a la brasa: Entrecot de búfalo. Riquísimo y muy tierno, creo que es lo que más me gusto de toda la comida.

Luego apareció una camarera preguntándonos que queríamos de postre y de paso retirándonos ya nos los platos y cubiertos. Los que habían reservado se quedaron un poco helados, les parecía un poco “escueta” la comida.

Pero aquí llega otra vez el rey del marketing y le dice a la camarera: "A estos señores no les pongas el postre que les voy a sacar algo más para que prueben".


Ya nos había quitado platos y cubiertos así que nos dejó en la cabecera de la mesa un puñado de tenedores y cuchillos para repartir. Por nuestra parte, como parecía que se había acabado la comida habíamos hecho un esfuerzo y finiquitado las botellas de vino, así que cuando nos trajo el solomillo de ibérico con patatas panadera y boletus hubo que pedir la quinta botella.

"Venga, que os traígo esto para que lo probeís", y nos dejo en la mesa otros dos platos de cordero asado.

Con esto ya dió por acabada la cosa y nos sacaron los postres: Sorbete de yogourt, torrija o tarta de queso.

Cafecito y sin tiempo a terminarlo las chicas directamente a por el alcohol. Dos gintonics pero de Tanqueray. Los hombres contratacaron pidiendo orujo blanco.

Con el alcohol apareció otra vez el comercial: Dos vasos con el gintonic hecho (¿Tanqueray?) y una botella de orujo de hierbas y un puñado de vasos de chupito. "No tengo aquí orujo blanco pero iros bebiendo este mientras traigo el otro". Hasta ahora.

En resumen una concisa y austera comida que os resumo a continuación:


- Ensalada ilustrada.
- Croquetas de cocido caseras
- Alcachofas rebozadas.
- Pimientos rellenos de carne.
- Bacalao con pimientos.
- Avestruz con salsa de nata y hongos.
- Chuletillas de cordero a la brasa.
- Entrecot de búfalo.
- Solomillo de ibérico con patatas panadera y boletus.
- Cordero asado.
- Sorbete de yogourt, torrija o tarta de queso.
- Café
- Orujo hierbas o gintonic.

Voy a poner aquí una foto de la cocinera para que sirva como felicitación a la estupenda comida que nos preparó.




A pesar de todas las cosillas negativas o curiosas que he ido contando: Un local muy recomendable y que merece la pena hacer unos cuantos kilometros por ir a comer allí.


Al final de todas las entradas que me quedan os hablaré del precio, que no os lo vaís a creer.

Había que mover ya, que eran casi las cinco y teníamos que aprovechar la tarde. Paso por el hotel para lavar los dientes y poco más y en 15 minutos otra vez a la puta calle. Por cierto el hotel también lo gestiona el amigo Carlos.

Pero eso es otra historia que contaremos ... después de la publicidad.


No os he hablado hasta ahora de que un sobrino de Pili ha montado un negocio de limpieza de coches, y que lo hace muy bien y muy barato, y además a domicilio. Para que lo sepaís.








Publicado en " Cosas de casa". Pinchar aquí para ver más.




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