sábado, 11 de febrero de 2012

Nieves Concostrina II

Hace ya varios meses dediqué una entrada a una periodista llamada Nieves Concostrina, de la que en ese momento lo único que sabía de ella era que muchos días me coincidia mi regreso a casa en el coche con su "columna" en Radio Nacional de España, intervenciónes llenas de humor sobre hechos históricos.


Alguien me ha recordado esta entrada y me ha dicho si no tenía nada más que poner, y sí que tengo. Tengo algo de su último libro "Polvo eres II", en el que narra con su fina ironía cosas curiosas que han ocurrido con cadáveres famosos. Os recomiendo que compréis el libro y os lo leáis. Mientras tanto os dejó con su narración de la ajetreada vida del cadáver de Manuel de Falla.

MANUEL DE FALLA (1876-1946), UN CADÁVER DISPUTADO

Manuel de Falla murió de una manera tan discreta como había vivido. Tanto, que se murió mientras dormía, sin hacer ruido, sólo unos días antes de cumplir 70 años. Falla temía que llegara el día de su cumpleaños, 23 de noviembre, porque le podían las supersticiones, y había comprobado que su vida estaba marcada por ciclos de siete años: siete años estuvo en París, siete en Granada, siete en Madrid y ya llevaba siete en Argentina. Efectivamente, Manuel de Falla no sopló las velas aquel 1946. Se cumplió su presagio. Quiso que sus funerales estuvieran alejados de ceremonias solemnes y grandes pompas, pero no se salió con la suya, porque la política se metió por el medio y conseguir sus restos se convirtió en un asunto de Estado. Si hubiera podido, le habría dado a Franco con la batuta en la cabeza.


 
Manuel de Falla murió en Argentina, un país al que se trasladó cuando acabó la Guerra Civil porque ya no le gustaba España, la madrugada del 14 de noviembre de 1946. El asesinato de su amigo Federico García Lorca acabó de rematar su enfado. Muchas mentes estrechas nunca lo entendieron, porque Falla era un católico ferviente y no les cuadraba que mirara a Dios dando la espalda a Franco... como si una cosa tuviera que ver con la otra.
 
Cuando se conoció su muerte en Argentina, se inició una pugna política por sus restos entre los republicanos exiliados y el Gobierno español. Unos querían que su cadáver se quedara en Argentina, puesto que Falla no quería volver a España, y Franco, mientras, empeñado en que regresara aunque fuera con los pies por delante. Ganó Franco por goleada gracias a la asistencia de Juan Domingo Perón, presidente de la República en aquel entonces. Tal y como recogió el profesor de la universidad israelí de Tel Aviv-Raanan Rein en un exhaustivo estudio titulado «La lucha por los restos de Manuel de Falla», el telegrama que envió un alto cargo de la Embajada de España en Argentina al Ministerio de Asuntos Exteriores no tuvo desperdicio: «Frustrados manejos rojos españoles que planeaban apoderarse cadáver maestro Falla».
 
Manuel de Falla fue embalsamado por el forense español Pedro Ara, el mismo que años después se haría famosísimo por tratar el cadáver de Evita Perón. Ara, agregado cultural del Gobierno español en Argentina, fue uno de los que insistió en que el cuerpo se enviase a España, por ello ofreció a la familia de Falla el embalsamamiento del músico. Mientras unos y otros continuaban su particular pugna política, el maestro dio temporalmente con sus huesos en una tumba de la ciudad argentina de Córdoba, en el Panteón de los Padres Carmelitas del cementerio de San Jerónimo.
 
Un mes después fue exhumado y trasladado a Buenos Aires, donde se embarcó el féretro con destino a España en el buque de pasajeros Cabo de Buena Esperanza. La escala en Canarias ya permitió adivinar lo que le esperaba al músico en Cádiz: eclesiásticos por doquier, representantes del Gobierno local, una orquesta tocando alguna de sus más conocidas composiciones... Los restos de Falla fueron transferidos a un barco de la Marina de Guerra, El Cañonero, que tocó puerto gaditano el 9 de enero de 1947, casi dos meses después de la muerte. 

Imagen en los billetes
Los hermanos del músico intentaron que se cumplieran los deseos de Falla de tener unos funerales discretos, pero hubiera sido más factible ver peras colgando de un olmo que a Franco usando la discreción en este asunto. El profesor Fernando Sánchez García, durante su discurso de ingreso en la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz, recordó en 1996 el empeño de la hermana de Falla, María del Carmen, de ajustarse a los deseos del maestro. María del Carmen escribió a España a su hermano Germán: «Respecto al cuerpo de Manolo, hay que evitar por cuantos medios puedas todo homenaje político, que siempre le había horrorizado. [...] Yo, recordando lo que él me decía, lo prohibí aquí. Querían llevarle al teatro, pero yo me impuse y me obedecieron. Les dije que el cuerpo de mi hermano únicamente se llevaría a sitio sagrado, así que del hospital se llevó a la catedral, donde fue el funeral, y de allí al Panteón de los Carmelitas, porque él era hermano del Carmen».
 
Pero los logros de su hermana en Argentina no se repitieron en Cádiz. El pobre músico, que había huido siempre de espectáculos solemnes, fue recibido con ceremonias impresionantes. Salvas de cañones, todo Cádiz ornamentado con colgaduras y crespones, un cortejo fúnebre con el ministro de justicia y el obispo a la cabeza, alcaldes de varias ciudades... en fin, que al cuerpo embalsamado de Falla debió de salirle un sarpullido al comprobar que «aquello» no era su entierro; era una forma de festejar un nuevo triunfo franquista en el que el premio era don Manuel de Falla.
Se ordenó, por decreto, que se cerraran los comercios, que se paralizara la vida de la ciudad y que todo Cádiz participara en la ceremonia. Y tal y como estaban las cosas, a ver quién era el insensato que rechistaba.
 
A Falla lo dejaron por fin tranquilo en su cripta de la catedral de Cádiz, la tierra donde nació y la tierra que le cubre, pero, como quedó dicho al principio, se quedó con ganas de darle un «batutazo» a alguien. Y allí sigue, «...en esta profundidad de Cádiz, rodeado de peces agitados que le inquietarán el sueño». Lo dijo su amigo Rafael Alberti en La arboleda perdida. 
 
La tumba de Manuel de Falla se restauró en 2003, porque su aspecto era lamentable, al igual que se hizo con la de José María Pemán, vecino de sepultura. ¿De qué hablarán? De política, seguro que no.

Publicado en "Humor". Pinchar aquí para ver más.


1 comentario:

  1. Yo también la oigo. Tiene una ironia..... la sección es muy curiosa. Está genial

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