jueves, 15 de diciembre de 2011

Vaya con Einstein

Esta totalmente demostrado que Albert Einstein era todo un superfigura con la física pero parece ser que, por decirlo de una manera suave, con su esposa no se comportó todo lo bien que debía. 

Hablemos de Mileva Maric, primera esposa de Einstein.


Mileva Maric era la única mujer que se especializaba en física en el Politécnico de Zurich, donde también estudiaba Einstein. En su segundo semestre comenzaron a interesarse mutuamente. Su relación se convirtió en un romance que con el tiempo condujo al rnatrimonio, a pesar de la oposición de la familia de Einstein (en especial de su madre).
En enero de 1902 sucedió un "incidente" que marcaría profundamente la relación de la pareja. Mileva dio a luz a una hija, Lieserl. Mileva y Albert aún no estaban casados. El parto fue difícil y Einstein estaba ausente. Se enteró del asunto por una carta que le escribió el padre de Mileva. La actitud de Einstein, que se encontraba trabajando como profesor en Schaffhausen mientras que Mileva permanecía en Zurcí sería llamativa.

Durante el embarazo sus cartas revelan a un padre expectante y entusiasmado. Sin embargo, tras el nacimiento de la niña adoptaría una actitud distante y fría. No la volvió a mencionar en sus cartas y jamás fue a verla. La hija ilegítima de Einstein desaparece de la historia dos semanas después de su nacimiento y jamás ha vuelto a saberse nada de ella.

La relación entre ambos se resintió y Mileva no volvió a ser la misma... Cerca de un año después, el 6 de enero de 1903, Einstein y
Mileva se casaron en una ceremonia civil en el palacio de justicia de Berna. Einstein trabajaba en la oficina de patentes de Berna y ganaba un salario decente como funcionario. La vida se presentaba relativamente bien para la pareja.
 
Tras poco más de un año de matrimonio,
Mileva dio a luz a su primer hijo varón, Hans Albert. Aunque él trató inicialmente de ayudarla con el niño, no era propiamente lo que se dice un buen marido. Estaba interesado en su trabajo y prestaba muy poca atención a la esposa o al hijo. La cosa empeoró durante el estallido de creatividad de su año milagroso. Su relación comenzó a deteriorarse. Einstein se volcó en su trabajo y Mileva colaboró con él.

Pero con el paso de los años, las relaciones del matrimonio fueron enrareciéndose. En mayo de 1912 la discordia ya era obvia.


 
Para entonces Einstein había retomado su relación con su prima Elsa, la que sería su segunda mujer.



La evolución del matrimonio Einstein-Mileva desde ese año, hasta su divorcio en 1919, justo el año en que el físico se convirtió en una figura relevanciada a nivel mundial, fue el de distanciamiento, peleas, tratamiento vejatorio hacia su esposa..... como lo demuestran las cartas que el propio Einstein escribe a Elsa y donde dice que trataba a Mileva como "a una empleada a la que no puedo despedir. Tengo mi propio dormitorio y evito estar solo con ella. De esta manera puedo tolerar bastante bien el tener que vivir juntos".

Incluso llegó a ofrecerle el dinero del Premio Nobel de Física si le concedía el divorcio.

Cuando su matrimonio empezó a tambalearse, Einstein ya estableció una serie de reglas que Mileva debía cumplir si esperaba quedarse a compartir la vida con un genio:

A. Te encargarás de que:
    - Mi ropa esté en orden
    - Se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación.
   - Mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y de que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.

B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. No esperes muestras de afecto y responde de inmediato cuando te hable.


C. En especial no solicitarás:
    - Que me siente junto a ti en casa.
    - Que viaje contigo.

D. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:
   - No deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello.
     - Deberás responder de inmediato cuando te hable.
    - Deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio de inmediato y sin protestar cuanto te lo diga.

E. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho".



Por lo menos "El genio" era claro. 


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