martes, 19 de julio de 2011

Julio de 1936

...viene del post anterior...

Un día se presentó en casa un cura primo de mi padre, y le dijo a mi madre que teníamos que buscar a alguien con influencias porque aquella noche le habían llevado a la cárcel por si alguno de los que iban a fusilar quería confesarse y vio que en la lista estaba mi padre. Entonces habló con el que mandaba allí y le pidió que por aquella noche lo retiraran de la lista pues era primo suyo. Por esta vez le hicieron caso, pero le dijo a mi madre que por esta noche había podido retirarlo pero que con la gente que mandaba en aquello no creía que lo pudiera hacer otra vez.




Ese mismo día, mi madre fue a hablar con el jefe de falange, que la recibió en el despacho que tenía en la Plaza Nueva, encima de la oficina de mi padre. Mi madre le pidió que hiciera lo posible para sacarlo, a lo que le prometió que como con Daniel tenía algo de amistad daría los pasos necesarios para sacarlo. Mi tío fue a hablar con Don Pedro Montes, Canónigo de la Catedral, quien también les dijo que haría todo lo posible por sacarlo.
 

El jefe de falange le dijo a mi madre que en cuanto lo sacaran de la cárcel tenía que desaparecer enseguida pues le constaba que tenía algunos enemigos que querían hacerlo desaparecer. Así fue que a los dos días mi padre vino a casa, y cuando al día siguiente nos levantamos ya no estaba en casa. Cuando mis hermanas y yo preguntamos por él nos dijeron que había tenido que irse a un pueblo y hasta pasados cuatro años no supimos donde.

Una noche vinieron unos falangistas a casa a buscar a mi padre. Registraron toda la casa, incluso las falsas y el tejado, y al no encontrarlo le preguntaron a mi madre que cuantos años tenía yo. Les dijo que 11 y se marcharon.

Durante más de 2 años, una vez a la semana, los tres hermanos íbamos a casa de una señora que vivía con su hermana en la calle San Julián. Como tenían una tienda de comestibles en la Plaza Vieja siempre nos daban galletas, chocolate o caramelos.

Años después supe que las visitas a la casa de la señora Nieves se debían a que mi padre estaba escondido allí y cuando íbamos nos veía por un agujero de una puerta. Que estaba allí solo lo sabía mi tío y mi madre.

El último año pasaron a mi padre a casa de su hermana. Para pasarlo de una casa a otra tuvieron que cruzar San Jaime y la Plaza Vieja. Muy de noche, le vendaron la cara y toda la cabeza. En este caso, también regularmente nos llevaban a los tres hermanos a esta casa, supongo que también era para que nos viera mi padre.

Casi un año después de terminada la guerra mi padre se fue a Madrid con su otra hermana hasta que se calmaran las cosas. Para sacarlo de Tudela lo metieron en las bolsas de un carro, y encima llenaron todo de estiércol. En el carro lo llevaron hasta las afueras de la ciudad y allí lo montaron en un coche que lo llevó hasta Casetas. Allí estaba esperándole mi tía, pero no habló nada con él hasta que vino el tren y se montaron en el mismo vagón, pero uno en cada extremo hasta Madrid.


Pasó  casi un año, y como parecía que se habían calmado las cosas se vino a Tudela. Yo hacía 4 años que no lo había visto, y tenía tal tristeza que tardé mucho en acostumbrarme. Yo recordaba a mi padre más bien alto, fuerte y con un poco de tripa, y ahora lo veía delgadísimo, envejecido, encorvado y triste, así que pensé: ¿Cuánto ha tenido que pasar mi padre para desmejorar tanto?.

Como no hay dicha que cien años dure, cuando llevaba en casa unos 4 o 5 días vino a buscarlo la Guardia Civil. Teníamos un vecino que era muy mala persona, y que cuando traían algún muerto de los nacionales a Tudela, en el entierro, era de los que gritaban que por cada muerto se fuera a la cárcel y se sacara a 4 presos republicanos para fusilarlos, yo siempre he creído que lo denunció él.

Cuando detuvieron a mi padre, también detuvieron a un amigo suyo y los llevaron a la cárcel de Pamplona donde estuvieron por lo menos un mes hasta que los sacaron. Mi padre me contó que cerca de Navidad, el capellán les dio una homilía y cuando terminó les dijo: “Habéis de saber hijos míos, que el Niño Jesús está con vosotros”, entonces se levantó su amigo y dijo: “Pues que habrá hecho el pobre muete”.

Cárcel de Pamplona

A los pocos meses, le llegó a mi padre el indulto total, pero sin trabajo y con malos informes para conseguir alguno. 

Antes del 36 mi padre tenía a medias con otra persona una trilladora en “las eras”, donde hoy está el Ambulatorio Santa Ana, y mi tía vendió la parte de mi padre y unos motores y se quedó con todo el dinero, con la falta que nos hacía a nosotros.
Se ve que así se cobró por haberlo tenido escondido.






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